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Superando cimas

Por Raquel Castillo

“La única discapacidad es una mala actitud”

Me llamo Raquel Castillo, más conocida en las redes sociales como “Petita Senshi” (Pequeña Guerrera), viajar me apasiona, y soy amante de las grandes travesías en montaña y de todos los deportes que se practican en ella, esposa de Vicki, una gran mujer y compañera de vida, madres de un adorable Labrador Retriever llamado TOM de 8 años… y ésta es mi historia.

El año 2014 empezó como siempre me ha gustado, con muchos retos deportivos, tenía pensado realizar la Pedals de Foc en bicicleta, también una travesía preciosa a pie como es la Senda de Camille, escalar la vía GAM de la gran pared de Diables de Montserrat o hacer cima en el gran Monte Cervino, pero llevaba un tiempo cansada y con malos resultados, incluso pensé que tal vez era la edad, que me estaba haciendo mayor, hasta que un día, mientras corría, me detuve y empecé a escupir sangre. Fue la alerta que me hizo acudir urgentemente al médico.

El 14 de marzo de ese mismo año marcó un antes y un después en mi vida, una simple radiografía desvelaba unas manchas en mis pulmones, después de multitud de pruebas y dos biopsias, me diagnosticaron un Linfoma de Hodgkin en estadio 4. Dentro de los 4 estadios de diseminación de este linfoma, me diagnosticaron el más avanzado, el que afecta a órganos más allá de los ganglios linfáticos, como en mi caso los pulmones. Ante tal diagnostico, inicié inmediatamente las sesiones de quimioterapia con un ensayo clínico en el Hospital DEXEUS.

Es entonces cuando el mundo se hace pequeño, se reduce a las personas que más quieres y a ti misma, pero mi mente me decía que sólo tenía 33 años ¡y todavía me quedaba tanto por vivir! Nadie nos enseña afrontar la muerte, así que en mi caso no quería dudar ni por un momento de que me iría, tenía una familia y muchas ilusiones por las que luchar, aquí es cuando comenzó la gran lucha de la pequeña guerrera que llevo dentro.

Con la segunda sesión de quimioterapia, se me empezó a caer el pelo a mechones y a lo bestia. Era consciente que ese momento llegaría así que le pedí rápidamente a Vicki, que me rapara la cabeza, no tenía sentido demorar más ese momento, fue entonces cuando apareció mi mujer con la máquina de cortar el pelo, se sentó a mi lado, me miró a los ojos y me dijo: “me vas a pasar tú primero la máquina a mi, somos un equipo y esto lo vamos a pasar juntas”. ¿Se puede tener mejor demostración de amor?

Junto a Vicki mi mejor compañera.

Mi propia medicina

Fueron pasando los meses y cada vez me costaba más escalar o montar en bici, me cogían calambres en los pies y en las manos debido al tratamiento, entre lágrimas, fui dejando de practicarlos. Aunque no pudiera hacer los deportes que más me gustaban, la semana que me encontraba mejor, cogía las botas y los bastones y me iba a recorrer senderos, eso sí, siempre con la compañía de mi pareja y de mi perro TOM. Era consciente de que mi capacidad pulmonar no era buena y las pulsaciones se disparaban, así que me lo tomaba con calma para llegar a una cima, respirar y cargar las pilas. No podía dejar de caminar ya que para mi esto también era mi propia medicina.

El verano de ese mismo año sufrí una bajada de defensas muy bestia, anemia, deshidratación y fiebre muy alta, lo que me llevó a una semana de ingreso en el hospital con transfusiones de sangre para recuperarme, esto hizo disparar las alarmas a los médicos y a la familia, me decían: “tienes que hacer reposo, no es bueno ir a la montaña y hacer lo que haces, escucha tu cuerpo, tu cabeza es fuerte y no le tienes que hacer caso”.

Recuerdo sentir que una fuerza superior me empujaba a seguir; tenía la sensación de que se me agotaba el tiempo aunque me dijeran que la quimio me estaba curando, es como una necesidad imperiosa de aprovechar el tiempo haciendo lo que más te gusta, lo que más te llena.

¿No puedes montar en bici? ¿No puedes correr? ¿No puedes escalar?

Pues mi cuerpo me pedía andar, andar todo lo que pudiera, sentarse arriba en una cima, mirar paisajes infinitos, descansar, cerrar los ojos, me imaginaba desplegando unas alas y recorriendo todo aquel paisaje tan maravilloso. Esto es lo que me gustaba, lo que me hacía feliz.

Automedicándome en lo alto de la montaña.

¡Qué mala pata!

Llegó el mes de noviembre y tuve la mala suerte de caer mientras jugaba con mi perro, recuerdo un inmenso dolor, lloré lo que no está escrito, sabía que no era un simple esguince. Al llegar al hospital, antes de cruzar la puerta, me tragué el orgullo, el dolor y se acabaron los llantos, apreté los puños y me dije: “¡Raquel de ésta también te sales!”.

La radiografía confirmaba lo que me temía: rotura de peroné. Para más inri, a la pocas semanas nos llega un comunicado informándonos que no nos renuevan el contrato de alquiler de la casa donde vivíamos, así que en enero decidimos volver a donde vivíamos antiguamente, aquí sí tuve un trabajo complicado, hacer una mudanza a un 4º piso sin ascensor… ¡todo un reto!.

Y cuando ya crees que no te puede pasar nada peor, te encuentras subiendo las escaleras de aquel piso con el peroné roto, encontrándote fatal por los efectos secundarios de la quimioterapia… entonces en ese justo momento te ataca un cólico nefrítico… ¡no me lo podía creer, no podía dar crédito a lo que me estaba pasando!

Ahora sí puedo decir que todo aquello me hizo aún más fuerte, más luchadora, sacó lo mejor y lo peor de mí, os aseguro que me preparó para lo que aún estaba por venir.

En marzo de 2015 me dan una mala noticia, me comunicaron que la quimio que me han suministrado durante 1 año, no ha sido del todo eficaz y que tenemos que probar con otra quimio y esta vez en el Hospital Vall d’Hebrón. Ésta fue dura, muy dura, se trataba de 3 sesiones y cada una de 5 días seguidos, me hacían llevar una pequeña mochilita, donde había un pequeño artilugio que te suministra la dosis las 24 horas.

La primera sesión me dejó tan “K.O” que no podía levantarme de la cama para ir al médico y hacerme la analítica que me tocaba, así que las siguientes sesiones tuvieron que ser con ingreso hospitalario.

Con esta última quimio llegaron buenas noticias, el cuerpo estaba respondiendo bien y podíamos dar el paso definitivo que me llevaría a la curación, el autotransplante de médula ósea.

Yo y mi mala pata.

El auto-transplante

El mes de agosto vuelvo a ingresar en el hospital, esta vez sabes que te lo juegas todo, empecé a ver la luz y me di cuenta que parecía que todo funcionaba, apreté los dientes, sabía que estaba en la recta final… y como siempre, aquel ingreso vino cargado de sorpresas.

El autotransplante fue todo un éxito pero todo lo que conllevó fue una pesadilla. Continuamente estuve con vómitos, días y días sin poder ingerir nada, todo el sistema digestivo irritado, órganos tan importantes como el hígado o el páncreas estaban inflamados… no podía dormir de dolor hasta que me suministraron morfina. Pero sabía que tenía que ser fuerte, esa era mi única opción.

Lo que tenía que ser un ingreso de tres semanas, acabaron siendo cinco, donde no sólo sufrí dolor físico sino también psicológico.

Vivir tantos días en la planta 7 del Hospital Vall d’Hebrón no fue nada fácil, a diario alguien de la habitación se levantaba de pronto a cerrar rápidamente la puerta, creían que yo no me daba cuenta, pero yo sabía que era por que un ángel acababa de partir hacia el cielo. Algunos de ellos los conocía y eso es duro, muy duro. Ahora si que puedo decir que aquellos fueron los peores momentos de mi vida. Por ello y por éste motivo no hay día que al salir a la montaña, ya sea montada en bici o recorriéndola a pie, no deje de acordarme de ellos.

La recuperación una vez en casa fue complicada, estaba destrozada, me costaba incluso atarme los zapatos. Me costaba mucho respirar, sentía que llevaba los pulmones de una abuelita de 90 años… recuerdo aquellos días con mucha rabia e impotencia. Me informaron de que mis pulmones estaban llenos de pequeñas cicatrices, estaban muy tocados, me dijeron que quizás no podría hacer muchas cosas que hacía antes y que era probable que mi capacidad pulmonar no volvería a estar al 100%.

Me aferré a que lo más importante era que había salvado mi vida, pero también me juré que haría todo lo que estuviera en mis manos para mejorar mi estado. No me podía quedar cruzada de brazos haciéndome la víctima por que nunca ha sido mi estilo. Necesitaba superarme día a día con pequeños grandes progresos, y así fue mi día a día durante los siguientes meses hasta día de hoy.

Soportando las últimas sesiones de quimio.

¡Estoy curada!

Siempre imaginé recibiendo la noticia de mi curación chillando y saltando de alegría. El 4 de noviembre de 2015 me comunicaron que mi cuerpo estaba libre de enfermedad, pero no hice nada de lo que imaginé hasta entonces. En aquellos momentos estaba pasando por el duelo de haber perdido a dos buenos amigos que había hecho en el hospital, y no me dejaba de preguntar por que ellos no lo habían superado y yo sí… sentía que no podía celebrar nada, eso sí, me juré que disfrutaría de la vida más que nunca, por todos ellos y por mí, y no habrá día que no mire el sol y la luna y dé gracias por la nueva oportunidad que me dio la vida.

Casi un año más tarde de aquel autotrasplante y después de una larga recuperación, decidí cargar la mochila con un saco, una funda de vivac, un hornillo, algo de comida y llevármela con todos aquellos sueños que elaboré desde la cama del hospital. Sólo tenía que coger un avión hasta San Sebastián, el país vasco, llegar a pie al Cabo Higuer e iniciar lo que sería mi TRANSPIRENAICA, para cruzar los Pirineos desde el mar Cantábrico hasta el mar Mediterráneo, a pie, sin prisas y en solitario.

No pensé ni por un momento que no estuviera preparada, sabía que la fuerza y la ilusión podrían con todos aquellos obstáculos y las inclemencias del tiempo. ¿Podría ser todo eso peor de lo que ya había pasado? Os aseguro que no.

36 días más tarde finalizaba mi primer gran reto, mi primer gran sueño, el regalo a mi yo interior por todo ese sacrificio y esfuerzo. Y esa solo fue la primera de muchas aventuras que he llevado a cabo hasta día de hoy.

Disfrutando de la Transpirinaica.

El Cáncer

El cáncer me robó amigos, una pequeña parte de mis pulmones, incluso mi fertilidad, pero nunca me robó la fuerza, la actitud, la ilusión, ni las ganas de vivir.

El cáncer me ha enseñado a no soñar lo que quiero vivir, sino a vivir lo que siempre he soñado.

El cáncer ha curtido la persona que soy ahora, libre, viviendo la vida intensamente ya sea a golpe de pedal o escalando grandes montañas y demostrándome día a día, que “la única discapacidad es una mala actitud”.

Texto y fotografías: Raquel Castillo

Coronando Coll de Jou con RideForHer.

Montse Nafría y la investigación (Cat)

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8 comentarios en “Historia – Raquel Castillo”

  1. Un abrazo bien grande, como ese abrazo que sentimos al leerte los que te conocemos un poquito. Fue un placer acompañarte de uns u otra forma en tu transpirenaica, y me llena mucho saber que puedo contar contigo como una de mis grocs preferidos. Cuidaros mucho Raquel, Vicky y Tom.

    1. ¡David! siempre recordaré la transpirenaica como una unión de lazos increíble.. fué una experiéncia mágica, grácias por estar siempre ahí apoyándome en todas mis locuras.. eres una persona con un corazón de oro.
      Un fuerte abrazo para tí también y besitos para la family!

  2. Jordi Martínez Comas

    Les punyeteries xarxes no em deixa ben llegir la teva història 🤬 Diguem que ja la sabía per «capitols» peró es el primer cop que la llegeixo per ordre cronológic. Poques coses es poden dir de la teva/vostra vida, només que gràcies per compsrtir-ho i, de ben segur, despertar la for ça amagada de molta altra gent.
    Moltes gràcies, Raquel. Reconec que sóc molt enamoradís 😊, però no acostumo a equivocarme, com ho he anat fent de tú, la Vicky i en Tom. Cadascú ha jugat molt bé el seu paper. Ganes de veure-os, moltrssssss !!!! 💕💕😍😘😘😘😘💪💪💪

    1. Jordiiii guapuuu!!!
      You’ll never walk alone.. no oblidaré mai el teu missatge.. encara no entenc com vaig arribar a fer aquells 3 tresmils amb febre i tot.. crec que la única explicació es que em vàreu fer arribar tota la vostre energía per que tirés endavant quan les coses s’em van posar difícils.. gràcies, gràcies i gràcies per ser-hi sempre. Ja saps que aqui tens a una amiga pel que faci falta.
      Un petonarro gegant senyor enamoradís.. jijijiji de part dels tres que també tenim moltes ganes de veure’t!

  3. Una abrassada molt forta y continuar mirant sempre amunt j’ho vaig perdre en Jordi el meu fill y en vaig derrumbar fins que en vaig adonar que aquí encara tenia en Marc per qui lluitar y encara que a vegades costi no puc tirar la tovallola y tu ets una bona mestre gracies

    1. Cadascú té la seva pròpia historia Fina, i la teva es molt dura, has demostrat ser una gran guerrera i seguir endavant, n’estic segura que en Jordi li agradaría veure a la mare forta i valenta que té, en els pitjors moments es quan descobreixes el teu instint de supervivència i no et queda un altre que tirar endavant, per tú, pels teus, pels que t’estimen i encara hi son..
      Gràcies a tú per la teva valentía, jo no sóc mestre de res, hi han tantes persones que malhauradament han passat per situacions tant difícils.. i no n’hi ha cap millor que l’altre, de totes n’aprenem i n’extraiem la part positiva,..
      T’envío una forta abraçada preciosa, molts ánims i a seguir endavant, un petonàs!!!

  4. Eduardo Laguna Asensio

    Me ha alucinado tu historia. Yo también soy trasplantado, aunque mis ciclos de quimio no han sido tantos ni seguramente tan duros como los tuyos, y siempre se despierta un sentimiento de fraternidad solidaria entre los que hemos pasado por la leucemia, en cualquiera de sus múltiples formas (en mi caso mieloide aguda).
    Un fuerte abrazo y felicidades por tu espíritu luchsdor; que sigas siendo el ejemplo que eres y fuente de inspiración para los demás que se puedan encontrar en casos parecidos y que tengas una larga y provechosa vida.

    Edu

    1. ¡Hola Edu!
      Muchíssimas gracias por escribir, estás en remisión completa? si es así, me alegro un montón..!
      Por el hecho de que mi tratamiento haya sido más largo o más duro, no significa que haya sufrido más que nadie, todos los supervivientes somos grandes guerreros. Llevas razón en que existe un sentimiento de fraternidad solidaria entre nosotros, por ese motivo he hecho pública mi historia, poder ayudar a los demás con mi testimonio me hace enormemente feliz..
      Felicidades a tí por seguir entre nosotros y que seguramente te encuentras disfrutando de ésta ViDA tan maravillosa..
      Larga ViDA amigo,
      ¡Un fuerte abrazo!

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